Instituto Internacional Zen de España

Zen significa realizarse como un ser liberado de manera que se pueda ser feliz y ayudar a los demás.


Gesshin Myoko Prabhasa Dharma

Enzo (K. Albizu)
Enzo (K. Albizu)

En el Zen seguimos el camino de Buda, para realizar la naturaleza de Buda dentro de nosotros. Todas las prácticas budistas tienen su origen en el hecho de que nadie nace sin la naturaleza de Buda. Eso es lo que todos tenemos en común: en todos nosotros existe la noción, la sabiduría, de que aquello que buscamos ya está ahí. Como no es suficiente saberlo, debemos practicar para vivir la naturaleza de Buda. Tenemos que practicar para manifestar la naturaleza de Buda, darle forma en nuestras vidas.

Buda enseñó, tal y como descubre cualquiera que empiece a meditar, que no somos libres. Estamos atrapados en nuestras nociones y deseos, en nuestros apegos y aversiones.

Este estar atrapados de cualquier manera es lo que Buda llamó dukkha. Dukkha tiene tres raíces: la ignorancia, la ira y la codicia. ¿Cómo podemos liberarnos de dukkha, de la insatisfacción y del sufrimiento? Si la ignorancia, la ira y la codicia son las raíces de nuestro sufrimiento, ¿cómo podemos liberarnos de ellas? La mayoría de las veces, nuestra respuesta en la vida cotidiana es tratar de cambiar o eliminar el objeto de nuestra ignorancia, ira o codicia. Tratamos de salir de nuestra ignorancia recopilando el mayor conocimiento posible, mediante conversaciones con otros, libros, internet … Cuando estamos enfadados con alguien, damos por sentado que la solución a nuestro enfado está en la otra persona. Si esa persona actúa y se comporta de la forma que nosotros queremos, entonces ya no tenemos que estar enfadados. Por eso decimos, con tanta facilidad, que alguien nos irrita. Pensamos que sólo podremos acabar con nuestra codicia consiguiendo lo que deseamos.

Siempre pensamos que nuestra ignorancia, ira y codicia están causadas por el llamado mundo exterior, por el otro. Por eso buscamos la liberación de nuestro sufrimiento en el mundo exterior, en el otro, incluso de forma violenta. En resumen, pensamos que la liberación sólo será posible cuando se den las condiciones adecuadas: si sucede esto … entonces yo...

Buda vio que la liberación y el ser feliz no depende sólo de los sucesos externos. Descubrió que es posible afrontar situaciones desagradables sin sufrimiento, sin tener que reaccionar ante ellas luchando o huyendo.

En el Zen se considera la ignorancia o la confusión como la principal causa del sufrimiento. Por eso, en la práctica del Zen se da importancia al desarrollo de la sabiduría y de la compasión. La sabiduría y la compasión son como las dos alas de un pájaro: hacen falta las dos para volar. La insatisfacción y la violencia no desaparecen aunque se eliminen los objetos que momentáneamente las causan. Tampoco el miedo desaparece al eliminar aquello que lo causa.

Todas nuestras emociones serán nuestras enemigas mientras estemos anclados en la idea del “Yo”; yo y lo mío frente al tú y lo tuyo. Hemos creado algo, una idea, una cosa que llamamos “Yo”. Esto soy “Yo”, tengo un nombre y todo esto es mío. Éste es mi coche, mi casa, mi tierra e incluso éste es mi Dios. Hemos creado un sistema completo alrededor de este “Yo”: yo y lo mío. Con esta estructura nos sentamos en nuestro cojín, que es todo lo que hay que hacer. Y cuando nos sentamos, nos damos cuenta de la carga que llevamos, de su peso.

Burbujas (K. Albizu)
Burbujas (K. Albizu)

Así pues, la práctica del Zen está dirigida a realizar que el “Yo” no existe. Esto significa que el “Yo”, el ser, surge de nuevo, distinto en cada instante. Debido a que este ser surge de nuevo, distinto una y otra vez, no hay que cargar con él, no podemos apegarnos a él. No hay motivo para sentirnos separados de los demás, porque este no-ser del “Yo”, este verdadero ser, llega a existir, interconectado con los demás. Ésta es la esencia de la enseñanza de Buda.

Si realizamos profundamente que nada es mío o nuestro, que todas las fronteras son creaciones de la mente y que realmente no existen, que izquierda y derecha, pequeño y grande tienen su origen en la misma fuente, cuando realmente veamos esto, dejaremos de luchar. Cuando nos demos cuenta de que todo está ya ahí, de que no hay nada que ganar o perder, dejaremos de quitarnos cosas unos a otros.